La omnipresencia y accesibilidad de los equipos de captura fotográfica a veces nos restan parte de la sorpresa y el misterio.
Pienso que eso explica el interés de muchos por recuperar la experiencia de la fotografía química, las cámaras instantáneas, los procesos alternativos o históricos que parecen fuera de lugar en el mundo del scroll down.
La perfección técnica y inmediatez de lo digital, va a contra corriente de nuestros cerebros de monos inquietos.
Por eso se defiende tanto la estética del error, por eso disfrutamos horrores de los experimentos  que no sabemos como van a terminar más.
Quiero compartir con ustedes los resultados de uno de esos experimentos con mis alumnos.
Desde hace ya algunos años, enseño fotografía de naturaleza y fotoperiodismo a estudiantes extranjeros de educación superior, en el CIEE Monteverde (Council on International Educational Exchange).
Recibo estudiantes de todo tipo y nivel, con y sin experiencia, con y sin equipo, así que trato de dirigir mis cursos a la búsqueda del lenguaje personal, y entre los experimentos que hacemos están lo de fotografía sin cámara: describir una escena con palabras en lugar de capturarla, y usar un viejo scanner de documentos para hacer imágenes por “contacto”.

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