Recorro la ruta entre Liberia y Nicoya, mi motocicleta abre una herida en el silencio de la noche.
Mañana será otro día intenso.
Desde ayer, y durante tres días soy miembro del “Equipo de sombras”.
Así llaman al equipo de video, fotografía y redacción que debe seguir paso a paso, al candidato presidencial en su gira electoral por las comunidades de Guanacaste de cara a la segunda ronda.
Nunca antes había estado tan cerca de la carrera electoral.
Hace unas semanas, durante la primera ronda, hice una cobertura para una agencia de noticias internacional.
En mis recorridos por los centros de votación, encontré un jinete que venía de emitir su voto.
La estampa era tan anacrónica como suena.
Un adulto mayor, cabalgando sobre un rocín grisáceo, sin aperos elegantes, un caballo proletario si cabe llamarlo así.
El viejo llevaba la gorra de cuartel de los excombatientes de la guerra del 48, aquella que dio paso al bipartidismo y la social democracia en este país.
En sus manos llevaba la bandera del partido del caudillo de aquel conflicto.
Más temprano había visto un niño jugando a lanzar por el aire una bandera del otro partido que alterno por décadas en el poder.
Esa primera votación no resultó definitiva y ahora vamos a una segunda vuelta, algo que parece ser la norma de los últimos lustros.
Mi definición personal de las vueltas electorales que he vivido son: la gerontocracia al poder, su continuidad, el criterio técnico versus la política de los amigotes, el poder del evangelio versus los derechos humanos.
Está la percibo como la jornada de la nostalgia por los hombre fuertes, esa idea que un “caudillo” basta para darle orden a las cosas, y las instituciones democráticas sobran.
Esta idea no es nueva, se viene sembrando desde que se habla de ingobernabilidad.
La culpa es del sistema, la culpa es de la democracia.
No es una idea criolla, es una idea que recorre el mundo.
Ahora estoy de nuevo comiendo asfalto, pero este seguimiento de tres días lo hago para una agencia de publicidad.
Sigo al candidato del partido del hartazgo, que intenta volver a la presidencia después de más de veinte años del ejercicio de su primer mandato.
Visto por un sector del electorado con ira, mientras el otro sector lo mira como el mejor malo conocido.
Nuestro registro de actividades se convertirán en micro videos para redes, fotografías con descripciones ingeniosas, un resumen de la gira de un minuto, consumo rápido para una época que no tiene tiempo para perder en discursos repetidos.
Mañana en La Cruz escucharé el intercambio que marcará mi recuerdo de esta elección.
Mientras la caravana de vehículos recorre las calles vacías tratando de invitar al entusiasmo, un hombre mayor gritará a los simpatizantes del partido tradicional:
“¿Para qué votarle? ¿Para qué vuelva a robar?”
Desde la caravana la réplica:
“¡Todos roban!”.
“Pues por eso, que robe alguien nuevo”.
Esa será la respuesta.
Qué más da, si ya nada funciona.
Epílogo durante el traspaso de poderes
Otra vez estoy haciendo cobertura para una agencia de noticias.
De facto quedan servidas las nuevas reglas de comunicación e intercambio entre los poderes de la república y la prensa.
Hay algo vulgar en todo este despliegue de poder y desprecio.
Ha ganado el mejor malo desconocido. Todo huele a revancha. Ojalá me equivoque.
Afuera de la Asamblea Legislativa voy a encontrar una manifestación de mujeres.
El presidente electo fue removido de un cargo anterior por acoso sexual.
Eso no tuvo peso en el electorado. Parece que en este país odiamos a las mujeres.
JP MONGE
Lo mío es contar historias, en fotografía, video o por escrito.
Soy fotógrafo documental, director de cine, escritor y docente.
Mi trabajo se ha publicado y exhibido en varios países, a veces me han premiado y a veces no.
Vivo en Monteverde, el bosque nuboso de Costa Rica.
Aquí comparto mis inquietudes, las cosas que aprendo y las cosas que amo.
Las fotografías son autoría de JP Monge, realizadas el 6 de Febrero, durante la primera ronda electoral del 2022 en Costa Rica.